Fue el 2000, no se echó a perder ni un avión, ni me cagaron con una deuda estratosférica, ni llegó el futuro de golpe, ni cambió mi nombre en el registro civil, ni los marcianos llegaron bailando cha cha cha.
Ya llegamos al 2010, y no somos ni desarrollados, ni se acabó el hambre en el mundo, no se descubrió la vacuna contra el SIDA, ni se erradicaron todos los campamentos.
Ahora que se nos acaba de pasar como fecha simbólica el cambio de milenio (favor no den la lata con que fue el 2001) y el bicentenario de nuestra patria, comenzamos con las metas para el 2015. La UNESCO no quiere más niños sin educación, Carla Bruni dice que pondrá sus esfuerzos para que no haya más niños contagiados con SIDA por sus madres, se vienen las televisiones de recontra alta definición y el Lamborghini híbrido.
Así que podemos afirmar que poner fechas simbólicas es una linda forma de decir que la meta no se cumplirá, al menos no del todo. O un modo elegante de aplazar lo que se podría hacer hoy, porque da paja/miedo/lata. Pero mirémoslo por el lado positivo: seguirán las cosas iguales, pero menos iguales que antes del año emblemático. Con esto, queda comprobado que cualquier fecha "emblemática" se puede reducir a que es el año del pico.
Así que a todos los que leen este antro de la mala onda, les deseo un feliz bicentenario del pico, que cumplan todas sus metas y que mejor comiencen ahora antes de andarse fijando fechas difusas. Gracias.
PD: Como meta, me propuse celebrar 200 veces este año. Ya llevo dos, hoy es la tercera. Como pueden ver, un objetivo con altura de miras y profundidad :D
30 diciembre 2009
28 diciembre 2009
Queja III

Durante este año, esta larga y angosta faja de tierra nos ha dado dos grandes joyitas de la maternidad: La mamá de los hermanos Rojo y la mamá de Daniel Maldonado, el niño de dos años muerto por las continuas golpizas que recibía.
Si el señor Rojo hubiera sido la señora Rojo, probablemente podría haber ido a tribunales a interponer medidas. El SERNAM le hubiera brindado protección, él con sus hijos podrían haber ido a una casa de acogida mientras se discutía la separación con la madre de los hijos. Pero no. La única solución para proteger a sus hijos era quedarse y tolerar las constantes amenazas de su mujer, porque la custodia para la madre se da casi automática. De paso, aguantar aquellos comentarios de "macabeo" y "mandoneado", que tienen menos profundidad que un charco y no entienden que no era dejar así no más a los hijos solos. Ahora lamentamos la macabra muerte de uno y la vida limitada que tendrá el otro debido a las secuelas de los golpes.
La mamá de Daniel Maldonado había dedicado su edad fértil a parir hijos para el mundo sin preocuparse jamás de ellos. Luego de vivir en la casa de unos amigos su embarazo, tiene a Daniel, lo deja botado en el hospital y le dice a medio mundo que el niño había nacido muerto. El amigo decide darle el apellido y lo cuida junto con su señora. Pero un juez mal de la cabeza, bajo la premisa de que "un niño está siempre mejor con su madre" se lo pasa a esta inhumana y su más inhumano conviviente. El niño llora, y a su corta edad se hace entender que no quiere ser alejado del papá que lo adoptó por cariño. El resultado, otra vez, fue fatal. Mientras tanto, la madre luce 7 meses de embarazo de un niño que, esperamos, no sufra la misma suerte que su hermano.
Así como el primo de Fepe, quien ha demostrado legalmente que su hija llega enferma, sucia y flaca como un perro las pocas veces que la mamá se la pasa. Luego de mucho cuidado (y una niña que no quiere volver), la devuelve en las mejores condiciones, para recibirla al tiempo después en el mismo estado inicial. Pero el juez de familia, a pesar del comprobado descuido, decide pasarle la custodia total a quien no tiene ni el mínimo interés en ser una buena madre.
Mientras nos llenamos la boca con la paridad de género, nos olvidamos que el machismo a las mujeres también les trae beneficios, siendo uno de ellos el jamás ser cuestionadas en su maternidad. Y varios padres ven cómo sus hijos son maltratados o usados para venganzas sin tener nada con qué demostrarlo. Mientras tanto, estas animalejas se emparejan a cada rato, no tienen idea de métodos anticonceptivos y se dedican a poblar la tierra de hijos abandonados a su suerte.
Por ahí hay una ley durmiendo en el congreso. Es difícil que la voten, porque sería severamente impopular en época de elecciones (o sea, siempre). Pero seamos optimistas, ojalá algún día no necesitamos de estos casos para acordarnos que independiente del sexo podemos ser una alternativa para la crianza de nuestros hijos, y que, desgraciadamente, no todos tenemos las clavijas en su lugar como para hacernos cargo de un niño.
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18 diciembre 2009
15 diciembre 2009
Pelear la amistá (o la historia del pan con mantequilla).

No, no me estoy refiriendo a ese juego de flaites de los cuales sus máximos exponentes son el Choro Mota y el Choro Naco. Si no los conoce, le explico: un par de amigos buenos para los combos se agarran a cornete limpio de puro aburridos, para luego terminar hechos bolsa y tan amigos como siempre. Quizás en algo se parece, en la parte de aburrirse como ostras. Las peleas siempre entretienen sean físicas o verbales. Pero a veces no hay que llegar a eso.
Cuando se es cabro chico, el "filtro de amigos" es bastante escaso. Se ponen dos niños juntos e inmediatamente comienzan a interactuar. Las mochas y llanteras son al por mayor por los conflictos de intereses, pero rápidamente se arreglan y siguen siendo amigos como si nada. Pero cuando empezamos a formar nuestra personalidad, las cosas ya no son tan fáciles: están los pernos, los buenos para el deporte, los lollypop y los malos al peo. De eso trata precisamente mi historia.
Yo tenía una amiga que era lo opuesto a mí. Morena y rellenita, era la "Jaime Palillo" del curso. Porra pero astuta, la admiraba profundamente. Compartíamos los panes con mantequilla del recreo y lo buenas para meternos en líos. Pero llegaron las hormonas, y mientras ella destacó con su apabullante personalidad, yo no era más que una geek vestida con la ropa de la hermana mayor, que devoraba libros como enferma y, mientras el resto comenzaba a tener pechugas y caderas, yo sólo tenía un jumper que bajaba como palo de escoba mientras mis cejas se poblaban cada día más.
Un día, ella y mi grupo de amigas, más amigas de ella que mías, me dijeron que yo era "inteligentonta": es decir, me iba bien en el colegio, pero era ultra pava. A pesar de mi orgullo herido, yo seguí siendo amiga de la cada vez más matona del curso. Del inteligentonta pasaron a los epítetos más fuertes y luego, a los golpes.
Yo nunca entendí de cómo una persona con la que me parecía llevarme tan bien cuando estaba sola, cambiara tanto cuando tenía un grupo de personas al frente. Mientras en el colegio las sacadas de cresta iban y venían, por teléfono o en nuestras casas seguíamos siendo las mismas amigas del pan con mantequilla. ¿Si ella era tan clever, tan chora, por qué tenia que hacerme volar aprovechándose de que yo era un palitroque, y ella, una niña enorme que me doblaba en peso y estatura?
Llegábamos a 7mo básico y las cosas se comenzaron a poner cada vez más feas. Cartas de amor que supuestamente yo escribía a distintas personas, bromas por mi nada atractivo aspecto físico, golpes "por aburrimiento". Los panes con mantequilla comenzaban a desaparecer de mi mochila, y mi chaqueta fue "perdida" en un día de plena lluvia. Ese día, llegué a la casa llorando y mojada entera. Esa última gracia le costó la condicionalidad.
En octavo las cosas no daban para más. Ya no era solo ella, sino la mitad del curso que me gastaba bromas, mis notas siempre buenas bajaron adrede para tratar de ser una más del montón. Pero al final, y gracias al apoyo de mis viejos que siempre me defendieron, tomé yo sola una gran decisión: me cambiaría de colegio, a uno con menos traumas, con mayor respeto por la persona. (creo en una cosa: mientras más opresivo sea el colegio con sus alumnos, más casos de bullying tiene entre ellos). Y no miré hacia atrás.
Ella se fue a mediados de ese curso. Cada cierto tiempo sé de ella, y nuestros mensajes siempre han sido con el mayor cariño, recordando el pan con mantequilla. Ella no sabe que en vez de tenerle rencor por ser un saco de hormonas en busca de popularidad, le agradezco profundamente algo que me ha ayudado toda la vida: el pelear la amistad, dejar a las personas atrás cuando veo que su amistad ya no me hace bien.
Todos le adjudicamos a la amistad los más altruistas sentimientos: el compañerismo, el hacer el bien, el compartir. Pero las amistades a veces se transforman en competencia, en intentos de apabullar al otro o aprovecharse de él. Y puedes tener los mejores sentimientos del mundo y querer mucho a esa persona, pero eso no significa que en las amistades no nos hagamos daño. Y hay amistades destructivas, o que lo terminan siendo en base a los cambios de vida y personalidad que tenemos (no siempre nos mantenemos iguales).
No crean que terminar amistades no me dolió. Me acuerdo lo que me costó dejar a esa amiga que en tantos lios se (me) metía, con su supuesta depresión. O aquella que luego de armarme un plan que no seguí, buscó armar camorra entre mis amigos. O cuando me terminé hastiando de la amiga que vivía cobrando sentimientos. Y el amigo que siempre me echaba competencia, y el amigo mentiroso. Así esas amistades que parecían indestructibles terminaron por colmarme la paciencia (y tengo bastante), y las dejé atrás de forma diplomática, de manera de no quedar herida con esas personas que pasaron de ser mis amiguis todo el rato, a dejarme mal. Así mismo, cuando veo que las relaciones con alguien comienzan a ser nocivas, las alejo de a poco, para acercarme con más ganas una vez esa mala onda haya pasado.
Veo a mi alrededor cómo amigos de años terminan y no siempre de forma amable. El cambio de la U al trabajo hace que varias cosas se replanteen, y ese amigo que parecía ser tan agradable con su chela a media mañana, ya no lo es cuando te trata de perno por no quedarte carreteando pasado la 1 un día de semana. Y creo que al igual que todo en nuestra vida, las nuevas circunstancias nos hacen reevaluar a nuestros amigos, y no todas las amistades pueden reinventarse. Quizás los intereses ya no son comunes, los hobbies son distintos o las vidas incompatibles. Quizás sea solo que esa persona que te caía tan bien en un principio, te parece ahora de una densidad tremenda. Y es mejor dejar atrás, en el mejor de los ánimos, a todo aquello que nos puede terminar haciendo mal, tanto a uno como al otro, y conservar el buen recuerdo antes de recordar la amarga pelea.
10 diciembre 2009
Tu foto favorita
Hace unos años en una fiesta de disfraces, me sacaron una foto en grupo. Yo encontré que había salido muy bien: estaba como mirando hacia el lado, con una boa de plumas de otro disfraz, sonriendo... en fin. Tomé la foto, la recorté y la dejé como avatar en msn.Yo andaba muy contenta, hasta que un amigo me contacta y me dice:
- ¿Y por qué esa foto?
- Nada, es de la fiesta de disfraces. (la verguenza de decir "es que en esta foto encuentro que salgo mejor que la anterior que tenía").
- Cambiala, sales como las pelotas - fue la sutil sugerencia de mi amigo.
Hay gente que tiene la virtud de siempre salir bien y poder poner cualquier foto. Para el 99,9% de nosotros, son muy, muy pocas las fotos en las que salimos (o más bien consideramos) salir bien. Y normalmente ese criterio es totalmente distinto al del resto del mundo. Bajo ese criterio las fotos son de lo más raras y en las circunstancias más increíbles. Recuerdo a un conocido que no halló nada mejor que usar la foto donde aparecia comiendo torta, con la mitad del tenedor en la boca. Su pose era más que extraña, pero probablemente él consideró que salía atractivo a pesar del pedazo de piña que se asomaba por el costado.
De la misma forma, el abuso del photoshop para dejar la piel como terciopelo es parte del juego, o el más sencillo arreglo de contraste y brillo para disimular imperfecciones. Muchos juran que matan, pero se nota a la legua. En estas generaciones buenas para la foto emo, los trucos son cada vez más poco piola. Me acuerdo de varios personajillos de los primeros tiempos de fotolog, en donde con un ajuste de brillo y un poco de efectos parecían modelos de revista... aunque la realidad fuera otra. Así el ciberespacio se llenó de escotes exagerados, las autosacadas donde aparece parte del brazo que saca la foto y, por supuesto, la clásica foto en el espejo del baño de la cual este modelito se lleva las palmas a la más ridícula. Todas, aderezadas con el nombre del modelo amateur escrito con alguna true type con pinta de cursiva.
En estos tiempos de las redes sociales y más aún en un país como Chilito, donde la protección de la privacidad tiende a 0, la elección de las fotos puede ser un quebradero de cabeza. Por ejemplo la foto de facebook: debes salir bien, y ante todo se debe notar que eres tú, para que te reconozca la amiga de años que entró en el buscador. La de msn es más libre: normalmente o son fotos de un personaje de película o una pelada de cable, rara vez una foto personal. Otro cuento es la de foros, donde el poner una foto de sí mismo puede conducir a sicopateo.
Qué decir de la foto de currículum (que supuestamente es ilegal) donde he visto todo tipo de efectos: labios pintados carmín, poses demasiado informales, caras de actor de ópera, sonrisas chinchosas y el nunca bien ponderado truco de la "película cowboy" que consiste en reducir el ancho para disimular caritas de luna llena, que supuestamente asegura que el oficial nazi de recursos humanos no se asuste por la existencia de una futura licencia por taponeo de arterias. Pero el truco es tan poco piola como el ajuste de pantalla que deja a John Wayne como pintura de El Greco.
En cierta medida, y sobre todo en las fotos de los más chicos, hay una tremenda influencia de la foto de revista, esa donde la estrella del momento aparece con poca ropa y cara de caliente. Y mientras más flaite el damo o la caballera, mas reveladora la foto. Si además de flaite se es delincuente, la escopeta hechiza o el estoque casero no puede faltar. Aquí pueden encontrar ejemplos (y ataques de risa).
Mientras tanto, algunos que nos hemos sacado una autofoto en nuestros años mozos morimos de vergüenza ante el mounstruo que creamos para las nuevas generaciones. También con el ajuste de colores o aquel currículum en que usamos la foto de la última salida con los amigos. Pero al final de cuentas, a punta de humillaciones y comentarios puntudos como el de mi amigo, hemos aprendido que la foto posera, no consigue nada sino risa. Y de paso, aprendimos que la publicación de fotos a diestra y siniestra afecta nuestra privacidad. Así que ya saben, si no quieren aparecer en una pagina polaca de novi@s latin@s, guarden sus fotos en lugar seguro y donde no pueda acceder al jefe. Y que la foto de curriculum está cada día más barata, dan 30 copias y no es obligatoria.
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07 diciembre 2009
La anti carta al viejo pascuero:
Estimado viejito:
Te cuento que hoy hice la limpieza de mi closet por el cambio de temporada.
Luego de reventar dos maletas solo con sweaters, pude por fin ordenar la casa de huifas que era mi closet. A continuación te informo algunos datos:
Ropa botable: 0.
Ropa regalable: 0.
Ropa que me gusta: el 96% aproximadamente.
Maleta con chaquetas que me regalaron cuando estaba en la mina: 1
Vestidos de fiesta: 3
Vestidos que pueden ser de fiesta en caso de necesidad: 7
Vestido de novia: 1
Pijamas: como 7
Ropa que me da vergüenza usar en la calle: calculo que aproximadamente el 50%.
Ropa que me hace ver como enferma psiquiatrica: 50%
Ropa prestada: una maleta con la que se fue mi hermana para su viaje de estudios, hoy.
Closet usado: cerca del 75% del compartido con mi marisco y el 100% del de la pieza de invitados.
Trajes sastre: más de los que pensaba
Blusas para trajes: hartas, recien lavadas con apresto.
Poleras para hacer pasar por blusas: hartas.
Churrines con respiraderos: 0
Churrines regalados en la despedida de soltera: 3
Churrines regalones (gracias chiquillas!): 3
Calcetines con papas: 0
Brassieres con las barbas afuera que me da pena botar: 2 (habrá alguna forma de arreglarlos?)
Breteles que no se de donde salieron: 10
Medias con hoyos: 0
Poleras de Hello Kitty: 3
Poleras de Hello Kitty emo: 1
Poleras de Hello Kitty como flaite: 1
Poleras de Hello Kitty rockera con escarcha pegada: 1 (gracias sole!)
Poleras nerds: 7. las tres de hello kitty, la de atari, una que ya no uso porque parece que es un simbolo para lesbianas y acabo de pegarme la cachá, la de ozzy y la de la bandera argentina que me compre sólo porque era la primera vez que salia del país.
Ropa negra: 40%.
Ropa colorida: 35%.
Ropa azul, morada o gris: 25%
Ropa me que hace lucir como Cruella de Vil: 65%
Ropa artesa: 15%
Ropa media poke: 10%
Ropa de persona normal: 5%
Ropa de faena que aun anda dando vuelta: 5%
Ropa adquirida en un ataque de traperismo compulsivo o regalos extraños: 90%
Pantalones de gimnasia: 4
Poleras de gimnasia: como 10, 3 + las 7 nerds.
Ropa con más de 40 años: 4. (el cinturon de mi abuelo, el banlon y la chaqueta de fiesta de mi abuelita, adjunto la falda que me hizo mi mamá con una tela del año de la cocoa).
Ropa con mas de 10 años y menos de 40: 4.
Mochilas de notebook: 3
Mochilas con las que no me acostumbro: 3
Pares de Hawaianas: 3
Par de Zapatos de seguridad: 1
Pares de Zapatillas: 3
Zapatillas hechas mierda: 1
Zapatillas de futbolito con la que se demostro la falta de talento, casi nuevas: 1
Calcetas de futbol regaladas a mi marido: 1
Zapatillas que mejoran la circulación, la postura y con el tiempo hasta te salen pantorrillas: 1
Pares de Tacos aguja: 8
Zapatos con taco: el resto
Dolor de espalda: permanente.
Shorts: 2
Minis: 1
Ropa de diseñador shuper del apumanque pero de mala tela: harta.
Batas: 2
Ropa hedionda: 2
Poleras con tiritas: aprox 10
Calzas: 5
Pantalones que me quedan volando: el resto.
Chaquetas: muchas
Chalecos: pocos
Chalecos dorados: 1
Chalecos que encuentro preciosos pero no se dónde usar: 1.
Trajes de baño de natación: 2.
Trajes de baño que provocan alaridos de risa a mi hermana: 2
Trajes de baño con el que comprobé que aún lo más recatado en brasil es demasiado pelado acá: 1
Traje de baño con short que es como una capsula del tiempo a los años 40: 1
Cinturones: 3
Saris: 1
Cosas sin sentido compradas en la ropa usada: 1
Orejas de conejo: 1
Gorros de cotillón: por lo menos 5 de tela.
Gorros con forma de pelota de fútbol: 1
Gorros con forma de Tio Sam chilensis: 2
Gorros con el que mi marido salió hablando weás en plaza Italia: 1 (yo me arranqué)
Pestañas postizas: 3 pares
Faldas de gitana: 2
Faldas parchadas: 2
Bananos: 3
Carteras de cuero: 3
Cartera de arpillera: 1
Carteras que parecen de cuero pero no lo son: el resto
Carteras grandes: 0
Carteras en las que con cuea me cabe el celular: el resto
Chaquetas de cuero: 1
Chaquetas compradas con un 80% de descuento: 1
Chaqueta que me carga por lo que cruje: 1
Guantes: 3 pares
Ropa con algún tipo de brillo: el 60%.
Ropa con estampados o diseños: 30%
Ropa estampada que no sea ni punto ni raya ni cuadrillé ni escocés: 10%.
Anillos de matrimonio: 2
Anillo del matrimonio de mi abuelita: 1, con fecha
Anillo con el cual caché que mi abuela quedó embarazada en la noche de bodas: 1
Ropa con pelo de gato: 70%
Ropa que saqué hoy de la maleta: 30%
Esfuerzos por sacar pelo de gato: infinitos
Cascos de seguridad: 1
Guantes de cabritilla manchados con concentrado de cobre: 1
Personas de mi casa con el Mal de Diógenes: 1
Asi que ya sabis viejo culiado... soy una cabra mala, cuya abuela fue trapera, que su mamá es trapera, que ella tambien le gusta la ropa y la cuida con soft, que no tiene idea de lo que está pasado de época porque en el manicomio la moda es atemporal, que recibe pilchas todos los cumpleaños, que no quiere regalar nada de ello, que tiene los closets reventados y si me traís un trapo más, te dejo el hocico como la nariz de Rudolf.
Y voh... ¿no has pensado en cambiar tu traje rojo por algo más chic?
Te cuento que hoy hice la limpieza de mi closet por el cambio de temporada.
Luego de reventar dos maletas solo con sweaters, pude por fin ordenar la casa de huifas que era mi closet. A continuación te informo algunos datos:
Ropa botable: 0.
Ropa regalable: 0.
Ropa que me gusta: el 96% aproximadamente.
Maleta con chaquetas que me regalaron cuando estaba en la mina: 1
Vestidos de fiesta: 3
Vestidos que pueden ser de fiesta en caso de necesidad: 7
Vestido de novia: 1
Pijamas: como 7
Ropa que me da vergüenza usar en la calle: calculo que aproximadamente el 50%.
Ropa que me hace ver como enferma psiquiatrica: 50%
Ropa prestada: una maleta con la que se fue mi hermana para su viaje de estudios, hoy.
Closet usado: cerca del 75% del compartido con mi marisco y el 100% del de la pieza de invitados.
Trajes sastre: más de los que pensaba
Blusas para trajes: hartas, recien lavadas con apresto.
Poleras para hacer pasar por blusas: hartas.
Churrines con respiraderos: 0
Churrines regalados en la despedida de soltera: 3
Churrines regalones (gracias chiquillas!): 3
Calcetines con papas: 0
Brassieres con las barbas afuera que me da pena botar: 2 (habrá alguna forma de arreglarlos?)
Breteles que no se de donde salieron: 10
Medias con hoyos: 0
Poleras de Hello Kitty: 3
Poleras de Hello Kitty emo: 1
Poleras de Hello Kitty como flaite: 1
Poleras de Hello Kitty rockera con escarcha pegada: 1 (gracias sole!)
Poleras nerds: 7. las tres de hello kitty, la de atari, una que ya no uso porque parece que es un simbolo para lesbianas y acabo de pegarme la cachá, la de ozzy y la de la bandera argentina que me compre sólo porque era la primera vez que salia del país.
Ropa negra: 40%.
Ropa colorida: 35%.
Ropa azul, morada o gris: 25%
Ropa me que hace lucir como Cruella de Vil: 65%
Ropa artesa: 15%
Ropa media poke: 10%
Ropa de persona normal: 5%
Ropa de faena que aun anda dando vuelta: 5%
Ropa adquirida en un ataque de traperismo compulsivo o regalos extraños: 90%
Pantalones de gimnasia: 4
Poleras de gimnasia: como 10, 3 + las 7 nerds.
Ropa con más de 40 años: 4. (el cinturon de mi abuelo, el banlon y la chaqueta de fiesta de mi abuelita, adjunto la falda que me hizo mi mamá con una tela del año de la cocoa).
Ropa con mas de 10 años y menos de 40: 4.
Mochilas de notebook: 3
Mochilas con las que no me acostumbro: 3
Pares de Hawaianas: 3
Par de Zapatos de seguridad: 1
Pares de Zapatillas: 3
Zapatillas hechas mierda: 1
Zapatillas de futbolito con la que se demostro la falta de talento, casi nuevas: 1
Calcetas de futbol regaladas a mi marido: 1
Zapatillas que mejoran la circulación, la postura y con el tiempo hasta te salen pantorrillas: 1
Pares de Tacos aguja: 8
Zapatos con taco: el resto
Dolor de espalda: permanente.
Shorts: 2
Minis: 1
Ropa de diseñador shuper del apumanque pero de mala tela: harta.
Batas: 2
Ropa hedionda: 2
Poleras con tiritas: aprox 10
Calzas: 5
Pantalones que me quedan volando: el resto.
Chaquetas: muchas
Chalecos: pocos
Chalecos dorados: 1
Chalecos que encuentro preciosos pero no se dónde usar: 1.
Trajes de baño de natación: 2.
Trajes de baño que provocan alaridos de risa a mi hermana: 2
Trajes de baño con el que comprobé que aún lo más recatado en brasil es demasiado pelado acá: 1
Traje de baño con short que es como una capsula del tiempo a los años 40: 1
Cinturones: 3
Saris: 1
Cosas sin sentido compradas en la ropa usada: 1
Orejas de conejo: 1
Gorros de cotillón: por lo menos 5 de tela.
Gorros con forma de pelota de fútbol: 1
Gorros con forma de Tio Sam chilensis: 2
Gorros con el que mi marido salió hablando weás en plaza Italia: 1 (yo me arranqué)
Pestañas postizas: 3 pares
Faldas de gitana: 2
Faldas parchadas: 2
Bananos: 3
Carteras de cuero: 3
Cartera de arpillera: 1
Carteras que parecen de cuero pero no lo son: el resto
Carteras grandes: 0
Carteras en las que con cuea me cabe el celular: el resto
Chaquetas de cuero: 1
Chaquetas compradas con un 80% de descuento: 1
Chaqueta que me carga por lo que cruje: 1
Guantes: 3 pares
Ropa con algún tipo de brillo: el 60%.
Ropa con estampados o diseños: 30%
Ropa estampada que no sea ni punto ni raya ni cuadrillé ni escocés: 10%.
Anillos de matrimonio: 2
Anillo del matrimonio de mi abuelita: 1, con fecha
Anillo con el cual caché que mi abuela quedó embarazada en la noche de bodas: 1
Ropa con pelo de gato: 70%
Ropa que saqué hoy de la maleta: 30%
Esfuerzos por sacar pelo de gato: infinitos
Cascos de seguridad: 1
Guantes de cabritilla manchados con concentrado de cobre: 1
Personas de mi casa con el Mal de Diógenes: 1
Asi que ya sabis viejo culiado... soy una cabra mala, cuya abuela fue trapera, que su mamá es trapera, que ella tambien le gusta la ropa y la cuida con soft, que no tiene idea de lo que está pasado de época porque en el manicomio la moda es atemporal, que recibe pilchas todos los cumpleaños, que no quiere regalar nada de ello, que tiene los closets reventados y si me traís un trapo más, te dejo el hocico como la nariz de Rudolf.
Y voh... ¿no has pensado en cambiar tu traje rojo por algo más chic?
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06 diciembre 2009
Definición de superhombre
"En una de esas, andar abollada por la vida y que aún así se la jueguen por uno, es el filtro que solo pasa un superhombre"
Moi, en una conversación que pretendió definir la existencia de superhombres que salvan a las damiselas de andar rallando la papa por cariños malos anteriores.
(Gracias a mi Marisco Fepe por desabolladura concedida, me hiciste hasta Tuning, ahora tengo un cachete con alerón y el callos nuevos en la planta del pie me hacen correr más rápido)
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05 diciembre 2009
La maldición del año nuevo
Creo ya haber contado que soy demasiado crédula. Creo en muchas cosas sobrenaturales, las terapias alternativas y los secretos de las abuelitas. Muchas de esas las escribí acá. Pero hay una de esas, que me persigue como una maldición.
Esto se cumple desde la primera vez que fui a carretear un año nuevo, que fue el año 2000. El año 2000 eché pata hasta que me dio hipo. Estabamos todos los amigos juntos, llegué a las 8 AM a dormir. Ese año, fue un año de enredos amorosos y amistosos, con muchas desilusiones.
El año 2004 fue el mejor año nuevo que he pasado en mi perra vida: amigos hicieron una fiesta en una casa abandonada: había una tina antigua llena de hielo y champañas, tambores con agua y hielo repletos de vodka, ron y pisco. Banda en vivo, bailé hasta que las velas no ardían. Y ese año fue como las pelotas. Comenzó con la enfermedad de mi viejo, siguió con una serie de problemas con mi entonces pololo y crisis varias con mi familia. Fue un año para olvidar.
El 2006 fue un año nuevo no muy entretenido, pero tranquilo... terminamos con el Fepe sentados en una piscina, mirando cómo amanecía. El 2006 fue el año del casi casi. Intensos cambios laborales, de ciudad, etc. Con quien pasé abrazada mirando el amanecer, apenas nos podíamos ver entre turno y turno cambiado. Porque Dios es grande no me caí con auto y todo a hacer glu glu en el aconcagua y salí casi ilesa del radiotaxi hecho mierda, sólo porque me dio por ponerme el cinturón de seguridad en el asiento trasero. Fue el año en que nos titulamos, en que comenzamos a pensar en una vida juntos.
El 2007 la pasé trabajando. Sí, en la sala de control de una planta, a 300 km de mi familia. Por lejos el peor año nuevo de mi vida. Y ese año fue de menos a más: tomé muchas decisiones, me las jugué por ellas, y comenzamos un tremendo proyecto: el casarnos. Pasé a ser señora Fepe al final de ese año, armamos nuestro nido y lo celebramos con todos aquellos que queríamos.
El 2008 la pasamos yendonos a dormir a las 2 am. Y el año pasado fue, en una sola palabra, desgastante. Comencé el magister, a sacarme la mugre para nivelarme en muchas cosas que para el resto eran difíciles, pero ya lo habían visto. El Fepe se sacó la mugre también, la pasamos entre ojeras y café. Fue el año en que mi tío regalón, mi ejemplo, la persona a la que tenía como modelo, se nos fue. Y para variar, pasé un susto parecido con mi viejo. Y llegó Joaco, nuestro primer sobrino.
El 2009 fue un año entretenido hasta las 4 am, cuando se me apago la tele y nos quedamos dormidos en un auto, haciendo hora para buscar a mi hermano. Terminamos en el mercado a las 8 comiendo la peor paila de la historia. Y qué creen que pasó? El principio de año fue como las pelotas: problemas de monedas, mi familia de origen con atados. Luego de una mitad de año mejor, ahora vuelvo a pasar susto con la salud de mi viejo. Ha sido un año de crecimiento, sí, pero no un año bueno. Para nada.
¿Y para el 2010? Según la experiencia, debería borrar la fecha y no salir para ningún lado. Pero quizás en vez de encerrarme en la casa, debería poner mis pilas en desearle lo mejor a todos los que quiero. Debería ser este año en que les mande un abrazo a todos los que quiero, a enviar tarjetas pa'l norte y preparar un pavo que no rostice al Fepe. Tomar a mis gatos y ponerles cintas amarillas y rojas al cuello. Y en vez de gastar mone'as en una fiestoca megamasiva, armar algo para bailar el galeón español en confianza. Y levantarme el 1 de enero sacando primero el pie derecho de la cama.
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Mi noche de año nuevo es el inverso de lo que será mi año
Esto se cumple desde la primera vez que fui a carretear un año nuevo, que fue el año 2000. El año 2000 eché pata hasta que me dio hipo. Estabamos todos los amigos juntos, llegué a las 8 AM a dormir. Ese año, fue un año de enredos amorosos y amistosos, con muchas desilusiones.
El año 2004 fue el mejor año nuevo que he pasado en mi perra vida: amigos hicieron una fiesta en una casa abandonada: había una tina antigua llena de hielo y champañas, tambores con agua y hielo repletos de vodka, ron y pisco. Banda en vivo, bailé hasta que las velas no ardían. Y ese año fue como las pelotas. Comenzó con la enfermedad de mi viejo, siguió con una serie de problemas con mi entonces pololo y crisis varias con mi familia. Fue un año para olvidar.
El 2006 fue un año nuevo no muy entretenido, pero tranquilo... terminamos con el Fepe sentados en una piscina, mirando cómo amanecía. El 2006 fue el año del casi casi. Intensos cambios laborales, de ciudad, etc. Con quien pasé abrazada mirando el amanecer, apenas nos podíamos ver entre turno y turno cambiado. Porque Dios es grande no me caí con auto y todo a hacer glu glu en el aconcagua y salí casi ilesa del radiotaxi hecho mierda, sólo porque me dio por ponerme el cinturón de seguridad en el asiento trasero. Fue el año en que nos titulamos, en que comenzamos a pensar en una vida juntos.
El 2007 la pasé trabajando. Sí, en la sala de control de una planta, a 300 km de mi familia. Por lejos el peor año nuevo de mi vida. Y ese año fue de menos a más: tomé muchas decisiones, me las jugué por ellas, y comenzamos un tremendo proyecto: el casarnos. Pasé a ser señora Fepe al final de ese año, armamos nuestro nido y lo celebramos con todos aquellos que queríamos.
El 2008 la pasamos yendonos a dormir a las 2 am. Y el año pasado fue, en una sola palabra, desgastante. Comencé el magister, a sacarme la mugre para nivelarme en muchas cosas que para el resto eran difíciles, pero ya lo habían visto. El Fepe se sacó la mugre también, la pasamos entre ojeras y café. Fue el año en que mi tío regalón, mi ejemplo, la persona a la que tenía como modelo, se nos fue. Y para variar, pasé un susto parecido con mi viejo. Y llegó Joaco, nuestro primer sobrino.
El 2009 fue un año entretenido hasta las 4 am, cuando se me apago la tele y nos quedamos dormidos en un auto, haciendo hora para buscar a mi hermano. Terminamos en el mercado a las 8 comiendo la peor paila de la historia. Y qué creen que pasó? El principio de año fue como las pelotas: problemas de monedas, mi familia de origen con atados. Luego de una mitad de año mejor, ahora vuelvo a pasar susto con la salud de mi viejo. Ha sido un año de crecimiento, sí, pero no un año bueno. Para nada.
¿Y para el 2010? Según la experiencia, debería borrar la fecha y no salir para ningún lado. Pero quizás en vez de encerrarme en la casa, debería poner mis pilas en desearle lo mejor a todos los que quiero. Debería ser este año en que les mande un abrazo a todos los que quiero, a enviar tarjetas pa'l norte y preparar un pavo que no rostice al Fepe. Tomar a mis gatos y ponerles cintas amarillas y rojas al cuello. Y en vez de gastar mone'as en una fiestoca megamasiva, armar algo para bailar el galeón español en confianza. Y levantarme el 1 de enero sacando primero el pie derecho de la cama.
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01 diciembre 2009
Una triste historia de la vida real
Hoy, 9 AM. Luego de una pesadilla que incluia al ejército rojo en la época estalinista (o eran nazis?), torturas con las tripas fuera, misiones de agente secreto y maletines con secretos de estado (exceso de Medal of Honor), al fin levanto un ojo.
Luego de un desayuno amenizado por un par de correos y el firme convencimiento de ir a la biblioteca de la U, comienzó la segunda parte del día: el aseo.
No crean que soy una Elvira ni nada parecido. Por orden médica (no es chiste) tuve que pedirle a alguien que me haga el aseo una vez por semana, y el día que viene es ... ayer. Sin contar que mi marisco no tiene los dedos crespos. Así que fue lavar los vasos del desayuno, regar las flores del balcón, pasar la aspiradora por todos los lados donde se puede posar un gato y echar el desodorante desinfectante. Y, a pesar que es normalmente tarea de mi marisco, hoy fue la excepción o los gatos andaban enfermos de la guata, porque la caja de arena parecía un monumento al lulo (luego del Falo de Machalí, hace falta que uno de esos se gane un Fondart).
Así que comencé la "ardua" tarea. Saqué la bolsa de basura puesta, tomé la palita y limpié hasta que la arena quedó como nueva. Le eché medio tarro de Lysol antibacterial, y con la bolsa en la mano, comenzó la duda de la mañana....
...¿qué chucha hago con la bolsa?
Tengo dos opciones: volverla a poner en el cesto (y correr el riesgo de que quede el olor, se rompa, etc.) o sacarla inmediatamente. Debía tomar la decisión rápido. Pero me acordé que normalmente la puerta es como las de los baños: se puede abrir por fuera, salvo cuando se traba. Así que comencé los 100 metros planos en pantuflas, juntando la puerta del departamento y luchando porque el Kelvin no saliera arrancando por el pasillo.
No había alcanzado a dar dos pasos hacia el shaft del basurero, cuando escucho detrás de la puerta un "ñau, ñau" y un sonido corto pero seco. Termino mis 100 metros planos en pantufla y voy a la puerta.
La wea estaba cerrada. Y la puerta no se podía abrir por fuera. Luego me miré: mi glamorosa pinta incluía una bata de toalla gruesa, un par de pantuflas de conejo rosadas y un pijama de short y polera con el gato de Pucca, digno de una preadolescente. Un moño hecho a la rápida para sacar mi en ese momento aceitoso pelo de escena, residuos de gel antiespinillas en la cara y los dientes desayunados, pero sin lavar.
¡KELVIN HIJO DE LA GRAN PUTA! ¡GATO RECULIAO!
Debía comenzar la operación escape. Eso significa subir de forma undercover dos pisos y llegar a la casa de mi cuñada. "Menos mal que es martes" pensé, rogando que la Ceci estuviera en la casa y pudiera sacar las llaves de emergencia.
Toqué el timbre una vez.
Toqué el timbre dos...
Golpeé la puerta...
Toqué el timbre más veces...
Azoté mis nudillos rítmicamente...
No había nadie. ¡Chemimare!
Revisé mis bolsillos en busca de plata o el celular. Sólo tenía unas tijeras con las que anduve sacando hilachas.
Volví al piso del depto a revisar la puerta: sólo escuché un par de miau por respuesta. Me hice una imagen mental de mis vecinos: en el departamento del lado estaba el careca... no... en el otro el viejo care perro... no... ¡ah! ¡la viejita del fondo!.
Toqué el timbre. Atendió la nana, luego la señora. Las dos con cara de comprensión me prestaron el teléfono para llamar a mis suegros y pedir el tercer manojo de llaves. Me contaron de casos parecidos, de cómo nunca poner el seguro antes de salir a dejar la basura. "el seguro se trabó" fue mi única respuesta. Me dejaron en el living, con El Mercurio del día.
Así, entre ofrecimientos de café y juguito rechazados por vergüenza, leí un artículo sobre jóvenes profesionales y parte de las noticias del día. Al rato, ya las pantuflas de conejo se bamboleaban rítmicamente, mientras pierna arriba y desparramada en el sillón me ponía al tanto del horóscopo. Pasó el tiempo volando hasta que tocaron la puerta. Era mi suegro, con el manojo de llaves.
No pude contener la emoción. Abracé a la abuelita y a la nana con la mejor de mis sonrisas, procurando no lanzarles el aliento de dragón de media mañana. Abracé a mi suegro con fruición y recibí unas llaves que me parecían familiares.
Abrí la puerta: recibí un par de miaus y unas colas paradas tirándose al suelo para recibir su cariño en la guatita. Grité algunos saludos dedicados a las gatas responsables del nacimiento de estos marabuntas, pero al final cumplí el ritual: el frote de un par de panzas peludas.
Al fin, había vuelto a casa.
Luego de un desayuno amenizado por un par de correos y el firme convencimiento de ir a la biblioteca de la U, comienzó la segunda parte del día: el aseo.
No crean que soy una Elvira ni nada parecido. Por orden médica (no es chiste) tuve que pedirle a alguien que me haga el aseo una vez por semana, y el día que viene es ... ayer. Sin contar que mi marisco no tiene los dedos crespos. Así que fue lavar los vasos del desayuno, regar las flores del balcón, pasar la aspiradora por todos los lados donde se puede posar un gato y echar el desodorante desinfectante. Y, a pesar que es normalmente tarea de mi marisco, hoy fue la excepción o los gatos andaban enfermos de la guata, porque la caja de arena parecía un monumento al lulo (luego del Falo de Machalí, hace falta que uno de esos se gane un Fondart).
Así que comencé la "ardua" tarea. Saqué la bolsa de basura puesta, tomé la palita y limpié hasta que la arena quedó como nueva. Le eché medio tarro de Lysol antibacterial, y con la bolsa en la mano, comenzó la duda de la mañana....
...¿qué chucha hago con la bolsa?
Tengo dos opciones: volverla a poner en el cesto (y correr el riesgo de que quede el olor, se rompa, etc.) o sacarla inmediatamente. Debía tomar la decisión rápido. Pero me acordé que normalmente la puerta es como las de los baños: se puede abrir por fuera, salvo cuando se traba. Así que comencé los 100 metros planos en pantuflas, juntando la puerta del departamento y luchando porque el Kelvin no saliera arrancando por el pasillo.
No había alcanzado a dar dos pasos hacia el shaft del basurero, cuando escucho detrás de la puerta un "ñau, ñau" y un sonido corto pero seco. Termino mis 100 metros planos en pantufla y voy a la puerta.
La wea estaba cerrada. Y la puerta no se podía abrir por fuera. Luego me miré: mi glamorosa pinta incluía una bata de toalla gruesa, un par de pantuflas de conejo rosadas y un pijama de short y polera con el gato de Pucca, digno de una preadolescente. Un moño hecho a la rápida para sacar mi en ese momento aceitoso pelo de escena, residuos de gel antiespinillas en la cara y los dientes desayunados, pero sin lavar.
¡KELVIN HIJO DE LA GRAN PUTA! ¡GATO RECULIAO!
Debía comenzar la operación escape. Eso significa subir de forma undercover dos pisos y llegar a la casa de mi cuñada. "Menos mal que es martes" pensé, rogando que la Ceci estuviera en la casa y pudiera sacar las llaves de emergencia.
Toqué el timbre una vez.
Toqué el timbre dos...
Golpeé la puerta...
Toqué el timbre más veces...
Azoté mis nudillos rítmicamente...
No había nadie. ¡Chemimare!
Revisé mis bolsillos en busca de plata o el celular. Sólo tenía unas tijeras con las que anduve sacando hilachas.
Volví al piso del depto a revisar la puerta: sólo escuché un par de miau por respuesta. Me hice una imagen mental de mis vecinos: en el departamento del lado estaba el careca... no... en el otro el viejo care perro... no... ¡ah! ¡la viejita del fondo!.
Toqué el timbre. Atendió la nana, luego la señora. Las dos con cara de comprensión me prestaron el teléfono para llamar a mis suegros y pedir el tercer manojo de llaves. Me contaron de casos parecidos, de cómo nunca poner el seguro antes de salir a dejar la basura. "el seguro se trabó" fue mi única respuesta. Me dejaron en el living, con El Mercurio del día.
Así, entre ofrecimientos de café y juguito rechazados por vergüenza, leí un artículo sobre jóvenes profesionales y parte de las noticias del día. Al rato, ya las pantuflas de conejo se bamboleaban rítmicamente, mientras pierna arriba y desparramada en el sillón me ponía al tanto del horóscopo. Pasó el tiempo volando hasta que tocaron la puerta. Era mi suegro, con el manojo de llaves.
No pude contener la emoción. Abracé a la abuelita y a la nana con la mejor de mis sonrisas, procurando no lanzarles el aliento de dragón de media mañana. Abracé a mi suegro con fruición y recibí unas llaves que me parecían familiares.
Abrí la puerta: recibí un par de miaus y unas colas paradas tirándose al suelo para recibir su cariño en la guatita. Grité algunos saludos dedicados a las gatas responsables del nacimiento de estos marabuntas, pero al final cumplí el ritual: el frote de un par de panzas peludas.
Al fin, había vuelto a casa.
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