24 agosto 2010

Funerales


Los funerales me provocan siempre emociones encontradas, sean de alguien cercano o del tío del vecino del primo del perro.

Cuando es alguien que quiero mucho, los funerales son para mí un mal necesario: necesito ese momento infinitamente triste, y pasarlo a lágrima viva para sentirme tranquila después. Pero por otro lado, me sonrío al pensar en todos los momentos felices que pasé con esa persona: las veces en que me reí con él o cuando lo vi pasándola increíble: En resumen, me da alegría de que esa vida no fue gastada en vano. Y si no puedo ir al funeral, lo siento por mucho tiempo. Aún me duele no poder haber ido a despedirme de mis tíos a pesar de que han pasado sus años, parte de la pena de la partida (y eso que los lloré a mares) no fue socializado, y es para mí como lo mismo que quede adentro, aunque me hubiera dado ataque con hipo en la Plaza de Armas.

Si es de alguien a quien no conocí, pero es el pariente o cercano de un amigo, mi sensación es una mezcla de Mater Dolorosa e incomodidad. Esta es la razón por la que no voy a todos los funerales a menos que estime de veras al amigo aquel: Porque ver a gente desconocida llorar a tu alrededor y terminar sollozando de pura empatía es algo que raya en lo ridículo, pero para mí es como sentarse en el poto, así de viejo y trillado. Y como no me doy licencia para llorar por un difunto ajeno, termino apoyada en un pilar cercano mirando la bóveda de la iglesia y buscando distraerme entre tanta sabanita de colores pintada para tapar las gónadas de un Santo. Tanto adorno debe tener una razón lógica, ¿no?

El ritual del funeral tiene una serie de elementos traídos sin ton ni son de un pasado lejano, cosas que de tan viejas suenan disonantes como un órgano Casio en iglesia colonial. El primero de ellos es ese abrazo de medio lado a alguien, mientras se dice la frase "Mi más sentido pésame". Qué frase más armadamente horrible. Pésame me suena a decir "ay, que lata" "puchacay" "que horror, gallo" o la versión post mortem de un "muy bien, te felicito". He buscado una frase mejor para decir, pero todas las demás me parecen tan falsas como disfraz de fantasma. Que alguien me ayude a buscar una que no me haga sentir cínica.

Otro elemento anacrónico es el esperar una hora o más a la misa, la cual está adornada con varios discursos, escritos o canciones que recuerdan al muertito y que son díficiles de aguantar de forma estoica. Por ejemplo, no podría ni siquiera pensar en leer una carta en público a un ser querido sin quedar con la cara hinchada como picadura de abeja y un caso de deshidratación severa por una literal catarata ocular. El aguantarse la pena para decir un par de palabras en LA ocasión que tienes para llorar hasta que te dé hipo es para mí tortura china. Admiro a la gente que lo puede hacer, pero me pregunto si no es masoquista de una.

El único elemento "moderno" es el cortejo. Las carrozas tienen focos como una raya, el auto para los familiares es último modelo y los cementerios están cada día más posmodernos, como haciéndole el quite de que la ocasión de su uso es tristísima. Ya ni cruces se ven y las estatuas de angelitos llorando son parte del decorado de la tumba del 1800 y tantos que está en la cuadra del lado. Las letras son modernas, la carroza blanca, y las flores rojas están dando paso a globitos multicolores y remolinos al viento. Qué cresta. ¿Qué es más deprimente que la muerte de un ser querido? Pero no, la carroza negra pasó porque se ve "tétrica" y los cementerios parque aparecen llenos de florcitas a quitarles el puesto a los nichos, una especie de muerte por departamentos para bolsillos escasos, cuya lápida tiene por lo general más adornos que árbol de pascua.

El trayecto al cementerio, muy alejado, siempre tiene tacos y autos tirándose encima, porque hoy ni a los finados se les respeta. Para "acompañar en el sentir" (otra frase horrorosa utilizada para la situación), luego de la iglesia viene agarra Aguirre para no irse en micro. Por lo general, quienes andan a pie eligen irse con otro que tenga una similar cara de chancho en misa. A mayor cara, mayores serán las tallas que se compartirán con el nuevo amigo del alma. Para la próxima nos vemos. ¡Chao!

Y, por último, está el funeral como tal, que a veces es como el "lo que no se vio" de la misa. Mientras toda la compostura se va a freír espárragos, me es imposible evitar intrigarme sobre cómo es el trabajo del cuidador de cementerio que tengo al frente con cara de póker. Eso, si puedo aguantar el puchero, mientras el ataúd desaparece de la vista. Cuando ponen la rejilla o echan la tierra, la cosa termina como final de cumbia. Por último, todos nos quedamos mirando con cara de no entender mucho que hacían por ahí y nos escabullimos por un rincón para despedirse de los conocidos. Todo para volver respirar con alivio y gritarse al interior un "ya pasó".

5 dijeron algo más:

Mónica de los Siete Infiernos dijo...

Detesto los funerales. Los evito a toda cosa, incluso el pésame me sale acartonado por mucha cercanía que haya.

Cuando me muera, quiero que hagan una fiesta. Un gran asado donde a todos les toque decir una anécdota para la risa conmigo. Que pongan una canción de Metallica y hagan un salú. Y nada más. Ni visitas al cementerio quiero.

Nori dijo...

Más pior se ve la situación por estos lados de la convencional Europa: el funeral se hace cuando tienes plata y todo organizado para la ocasión, hasta ahí guardas a tu muertito en un refri y llegado el día, todos en patota al cemerentio, un liturgia si el difunto era creyente y luego se van todos al "Leichenschmaus", que es como las comidas después del funeral que muestran en las películas gringas, todos con cara de punto y vestidos de negro sin poder tirar tallas porque acá no se hace eso, es muuuuy mal visto.

Me sumo a la moción de la Mónica en relación al funeral. Que me quemen, me tiren al mar y que todos hagan un asado a toda raja y lo pasen ídem.

Saludos querida!

Kuky dijo...

Me pasa exactamente lo mismo. Y yo, generalmente, al dar el pésame, no digo nada. Sólo un abrazo y a lo más, un "lo siento" o algo así.
Es un rito necesario, para despedir al que se va, pero concuerdo con Mónica en el sentido en que no tiene porqué ser tan estructurado. Yo pediría algo lo más simple posible, no me interesan los mausoleos ni las grandes tumbas, ni los funerales con misas repletas.

Flo dijo...

Siempre me chocó que la gente como que iba a puro hacer vida social a los funerales y el muerto bien gracias, nadie se concentraba en la misa y en el camino al nicho todos cuchicheando qué es de tu vida, qué regio, mira cómo ha crecido esta niñita, etc.
Ahora he captado que lo importante es decirle al deudo(s) que sabes que están tristes y que si puedes ayudar en algo, te llamen. Nada demasiado afectado pero sí honesto, si te nace.
Ah y los aplausos al terminar la misa o cuando bajan el cajón...lo peor. Si no es na celebración la cosa.

Joe dijo...

Un algo tardío, pero lo acabo de leer...

Yo uso el pésame poco mal y nunca... suelo simplemente abrazar a la persona.
Lo de la misa y todo el rococó del tema es para mi una paja monárquica, con todas sus letras... no es suficiente que la familia afectada este sufriendo, sino que además se tienen que comer un discurso que o esta muy falso por exceso de uso o el interlocutor no tiene el don de la prosa y dice puras estupideces (funeral de mi abuela, madre de mi papá, el estúpido en el púlpito abre la boca y dice que mi abuela murió por culpa de nosotros, "los pecadores"!! solo por respeto a la familia no le eche la puteada por desatinado)

Tengo una parada parecida a la de todos para mi funeral, cero religión, cero iglesia y cero ataúd. yo me voy al jarro como ceniza y de ahí al viento, que me lleve como siempre lo ha hecho.
Quiero que se me recuerde por lo que hice y ojalá haya más risas que llanto por todas mis anécdotas!

Y que se acuerden los malditos que los estaré esperando, jajajajajaja, y que volveremos nuevamente a esta pelota de tierra, como ya lo hice una vez (al menos).

Seguidores