Mientras las opiniones se dispersan con una liviandad asombrosa por el aire y llegan hasta mis oídos, cada vez me da más lata hablar. Estoy harta de discutir, de explicar con pelos en la lengua por qué pienso lo que pienso y por qué creo en lo que creo. Menos aún estoy dispuesta a tolerar la agresividad ambiente, porque hay gente que piensa que discutir es agarrarse de las mechas. Ya no quiero saber de nada, ni seguir perdiendo mi tiempo con gente que opina y opina, a veces sin siquiera haberse informado mínimamente del tema.
Y mi sensación sigue siendo la misma: ¿qué de importante tengo para decir, si lo que realmente quiero decir me lo tengo que guardar para mí?
Hay cosas que me duelen, que me hinchan las pelotas, y tengo ganas de tirar el ventilador, pero no sé cuándo prenderlo. Ya me aburre hablar del tiempo, me aburre preguntar un cómo estás y un qué hiciste el fin de semana. Quiero encerrarme en un libro y leer hasta que me dé hipo. Y que el resto hable de las cosas que sabe: la tele y el computador. Que hablen de min@s, de autos o de carretes. O por último, de la teleserie.
Me he decidido a no hablar porque quiero que cuando lo haga, sea para decir cosas que realmente sean escuchadas. No hablaré, por todos aquellos que han pecado este 2010 de hablar de más. Porque compartir posturas y opiniones ya no me parece divertido en un tiempo en donde todos les dio por dar posturas y opiniones a la menor provocación. Porque mientras más absurdos encuentro los absolutismos, más absolutismos escucho. No quiero dar más diagnósticos a situaciones que de años se saben enfermas. No quiero aconsejar a nadie al que le entrará por un oído y le saldrá por el otro.
Al fin estoy logrando lo que siempre he querido: cada día que avanzo, creo que estoy más sabia. Y mientras se gastan palabras a mi alrededor, más me duele el desperdicio de ellas.
3 dijeron algo más:
Haha... Me acordé del "Si no tiene nada agradabl que decir, mejor guarde silencio".
Yo tomé la postura contraria. Hablo hasta por los codos sin que me lo pidan, a la espera de que mi verborrea excesa despierte en alguien las ganas de salir de su ostracismo y mandarme a callar.
Llevo años esperando ese día :D
Apoyo lo que dice Mónica. Soy otro hocicón de vocación.
Y la cosa no es la importancia u originalidad de lo que se dice, ¡eso se acabó el siglo pasado! Ahora lo importante es cómo se dice.
Aunque esta verdad no le guste a varios.
Lo malo es que, al ser Silent Bob, hay que tener claro que siempre habrá un(a) Jay por ahí xD. Es mejor hablar de vez en cuando, aunque sea para tirar una talla absurda.
No todas las opiniones tienen que ser serias ni ser tomadas en serio.
Salud.
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