25 diciembre 2010

Regalos

Las fiestas normalmente me pillan concentrada en otra cosa. Soy la reina de las compras a última hora y armar sorpresas para, de un momento a otro, verme sentada en una mesa rodeada de la familia y con música navideña de fondo. Rara vez armo el arbolito y qué decir del pesebre, que está embalado desde que me lo regalaron.

Pero el papel que más me gusta de las fiestas es el de viejita pascuera. Me gusta regalar a mis familiares, ponerme en el lugar de ellos y buscar algo que les alegre la vida por un par de minutos. No me vuelvo loca regalando a medio Chile, pero a quienes quiero me interesa dejarlos contentos por la vida, pensar en ellos y buscarles algo que estaban buscando. Si hay una cosa que no me gusta (algo muy extendido en algunos miembros de mi familia, pero qué va) es regalar algo que les gusta a ellos, o peor aún, que ellos creen que yo necesito pero me he opuesto con dientes y muelas. Lo encuentro una falta de respeto hacia la persona que lo recibe, por mucho que a caballo regalado no se le miren los dientes.

En una tienda probablemente me veré tratando de entrar en la lógica de la persona a regalar, preguntarme qué es lo que le va o no le va. Al final a veces me decido por básicos, como estuches de regalo si a la persona no la conozco tanto como pensaba. En el proceso, sin querer, también defino cercanías reales v/s las estimadas. Porque puedo darme cuenta cúanto es lo que conozco.

Regalar para mí tiene que ver con sorprender, con alegrar y ante todo, por escuchar. El proceso del regalo tiene mucho de tincada, de buscar ese enganche entre elemento y persona. Y me encanta ver cuando el papel se rompe y el resultado se confirma.

1 dijeron algo más:

Mónica de los Siete Infiernos dijo...

Es bacán achuntarle con los regalos, ya sean de Navidad, cumpleaños o lo que sea.

Estúpidamente, yo soy incapaz de hacer buenos regalos. No importa cuánto conozca a la persona, me es imposible regalarles algo bacán, no tengo el don.

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