25 diciembre 2010

Regalos

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Las fiestas normalmente me pillan concentrada en otra cosa. Soy la reina de las compras a última hora y armar sorpresas para, de un momento a otro, verme sentada en una mesa rodeada de la familia y con música navideña de fondo. Rara vez armo el arbolito y qué decir del pesebre, que está embalado desde que me lo regalaron.

Pero el papel que más me gusta de las fiestas es el de viejita pascuera. Me gusta regalar a mis familiares, ponerme en el lugar de ellos y buscar algo que les alegre la vida por un par de minutos. No me vuelvo loca regalando a medio Chile, pero a quienes quiero me interesa dejarlos contentos por la vida, pensar en ellos y buscarles algo que estaban buscando. Si hay una cosa que no me gusta (algo muy extendido en algunos miembros de mi familia, pero qué va) es regalar algo que les gusta a ellos, o peor aún, que ellos creen que yo necesito pero me he opuesto con dientes y muelas. Lo encuentro una falta de respeto hacia la persona que lo recibe, por mucho que a caballo regalado no se le miren los dientes.

En una tienda probablemente me veré tratando de entrar en la lógica de la persona a regalar, preguntarme qué es lo que le va o no le va. Al final a veces me decido por básicos, como estuches de regalo si a la persona no la conozco tanto como pensaba. En el proceso, sin querer, también defino cercanías reales v/s las estimadas. Porque puedo darme cuenta cúanto es lo que conozco.

Regalar para mí tiene que ver con sorprender, con alegrar y ante todo, por escuchar. El proceso del regalo tiene mucho de tincada, de buscar ese enganche entre elemento y persona. Y me encanta ver cuando el papel se rompe y el resultado se confirma.

23 diciembre 2010

Recuento 2010

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¡Se nos va el año del Tigre!

Fue un año de la grandísima para varios, y las razones no faltaron. Porque el horroróscopo Chino le apuntó como nunca como el año de los grandes pah dramah. Y cómo no lo iba a ser, entre terremotos, inundaciones colosales, incendios, Wikileaks y una sensación de un ambiente propicio para peleas, hasta por las cosas más tontas.

Pero para mí fue un año bueno. Salvo un par de malas noticias a mitad de año y el susto del terremoto, pude consolidar grandes cosas. No me titulé del magister (malditas pajas administrativas), pero casi. Me fue bien en el trabajo y se cumple un sueño loco que tenía desde hace 4 años atrás, el que pronto sabrán una vez se haga oficial. Mi mono anda bastante contento por estos lares y ya estamos cada día más mimetizados. ¡Hay gente que dice que hasta nos parecemos físicamente! -me es extraño ya pensar en la individualidad.

En el único aspecto que encuentro que no fue un buen año fue en el plano amigos. No conocí mucho a nadie nuevo, no salí mucho y tuve de ruido de fondo peleas y discusiones fuertes entre todos. Salvo un par de juntadas épicas con amigos de toda la vida, fue un año latoso. Los puntos fuertes, mi eterna Ange con la que me junté tupido y parejo y que me entregó una de las grandes alegrías: Una cosa chica que se está formando y al que espero con ansias el próximo año.

Para el 2011 quiero hacer una sola cosa: disfrutar. Dedicarme a hacer lo que la gente hace a mi edad y que, por diversas razones, no he iniciado: viajar, hacer cosas entretenidas, armar más panoramas y menos compromisos. Que sea un año para cuidarme yo, para pensar en mí y en los que quiero. Al 2011 le pido estabilidad, esa que recién estoy teniendo hoy en todos los planos y un descanso, principalmente mental .

19 diciembre 2010

Cómo elegir una carrera dignamente (para mi hermana)

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Mi hermana chica acaba de dar la PSU. Y si bien parece que le fue bien, no tiene idea qué estudiar. Y la comprendo, porque a los 18 no es una edad en la que tengas muchas herramientas para saber qué hacer con tu vida. Si a eso le sumamos la cantidad de bombardeo de universidades de todo tipo, la publicidad, y la cantidad de ofertones que pueden llegar a tu casa. Esto, sin contar la presión familiar, los amigos y otros que, a veces sin querer, influyen en que tu decisión no sea de las mejores.

Espero ayudar a algún bloguero perdido de por ahí con algunos tips:

  1. Apaga la tele y bota los folletos: Que la información no llegue a tí, busca la información que necesitas. Comenzando con que la información universitaria en general es como el ajo, algo así como: "Un sicólogo marino es un profesional altamente competente en describir e interactuar con especies marinas, comprendiendo su entorno y desarrollando lazos altamente eficaces" ... ¿dijo algo? nada. Por otro lado, la publicidad tiene el efecto perverso de meterse en tu testa sin querer, de manera que realmente consideres en esa privada que suena tanto aunque no tengas información objetiva. Adivina: las buenas universidades no la necesitan.
  2. Toma tu mochila y anda a las ferias y puertas abiertas: Nada es tan decidor como visitar a las Ues y ver si te ves en ellas. Si la gente que se ve alrededor tiene cosas en común contigo, si ves que vas a aprender algo más que ir a clases. Si te sientes cómodo, todo eso es decidor. Es una decisión tan emocional como racional.
  3. Plata sí, pero no tanto: Si no puedes vivir sin un chaleco Benetton o una cartera Prada, evidentemente no vas a estudiar una carrera que te de 100 lucas al mes. Pero en general todos nos podemos adaptar a un cierto sueldo. ¿Cuánto estás dispuesto a transar por algo que te gusta hacer? Esa es la pregunta.
  4. Estudiar una carrera que no te gusta es casi condenarte a no terminarla: Existe una relación muy estrecha en lo que te gusta y en lo que te va bien. Si estudias algo por satisfacer a tus viejos o por otra razón, las posibilidades que no la termines, batalles con sicólogos el resto de tu vida o te terminen echando son grandes. Lo que nos lleva a...
  5. Si no tienes dedos para el piano, entonces probablemente no te guste lo que estés estudiando: Viendo varios casos por ahí de echados de la U y personas que abandonan, a todos les mejora la vida una vez que se cambian. Pero muchas veces tenemos tan metido en la cabeza que debemos ser una cosa u otra, que no alcanzamos a ver lo poco que nos llena lo que estábamos haciendo.
  6. El año sabático no es tan entretenido como algunos dicen: El no hacer nada o casi nada es un desastre para muchos a final de cuentas. Mi experiencia es que o se deprimen, o se mueren de lata mientras todos los otros carretean son sus nuevos amigos de la U, o aumentan sus posibilidades de quedar embarazada (como si conscientemente buscaras algo que te moviera). Cuidado.
  7. Estudiar la misma carrera es distinto según la universidad que se tome: Cada U tiene un sello, que se debe adaptar a lo que buscas. Si tienes elegida la carrera, revisa las Ues y no te quedes por la que "pide más puntaje según lo que me alcanza".
  8. Bachillerato es la opción para los perdidos: Harto mal se habla de bachillerato a veces. Pero puedes no perder nada o casi nada de semestres y tu decisión es más clara. Es buena cosa si te sientes perdido.
  9. Una universidad "buena para los paros" no es un parámetro de corte: Muchos no entran a una universidad u otra porque son "buenas para los paros". Ojo: carreras como ingenierías o economía casi no se van a paro en ninguna universidad, y cuando se van no es tan sin fundamentos ni significa arriesgar la vida bajo una lluvia de molotovs. Las noticias son sensacionalistas en este sentido y evidentemente tendrá más sentido mostrar los encapuchados que un compadre pintando lienzos o en asamblea. Si es algo que te preocupa, pregunta directamente a alguien que estudia la carrera.
  10. Una buena universidad no te da la sensación de un colegio: Justamente porque es universal, y tienes la capacidad de tomar algunas decisiones sobre tu carrera, como electivos, especialidades o menciones.
  11. La imagen de egresado debe ser coincidente con la imagen que tengas de tí mismo en un tiempo más: ¿Te imaginas en un departamento con vista a la ciudad, tomando café después del trabajo? No vas a elegir algo que te lleve a una ciudad pequeña o un campamento. Lo mismo si te ves yendo a terreno a cada rato y eliges ingeniería comercial. Algo no cuadra, no es la carrera la que se debe adaptar a tu forma de ser, si no al revés.
  12. La elección debe darte una base sólida, no más incertidumbre: Si una carrera apela desde el principio que tomes otras cosas para complementarla, con frases como "si tomas un curso en el extranjero te irá bien" o apela a que "crees tu propio negocio" como única forma de lograr el éxito, cuidado, porque las posibilidades que salgas a patear piedras son grandes. Puedes hacer muchas cosas después, cambiar un poco el área tomando un magíster, iniciar tu emprendimiento y otros, pero antes que todo debe darte un punto de partida, algo seguro. Ojo con eso.

12 diciembre 2010

Autocensura

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Últimamente me he decidido a no hablar.

Mientras las opiniones se dispersan con una liviandad asombrosa por el aire y llegan hasta mis oídos, cada vez me da más lata hablar. Estoy harta de discutir, de explicar con pelos en la lengua por qué pienso lo que pienso y por qué creo en lo que creo. Menos aún estoy dispuesta a tolerar la agresividad ambiente, porque hay gente que piensa que discutir es agarrarse de las mechas. Ya no quiero saber de nada, ni seguir perdiendo mi tiempo con gente que opina y opina, a veces sin siquiera haberse informado mínimamente del tema.

Y mi sensación sigue siendo la misma: ¿qué de importante tengo para decir, si lo que realmente quiero decir me lo tengo que guardar para mí?

Hay cosas que me duelen, que me hinchan las pelotas, y tengo ganas de tirar el ventilador, pero no sé cuándo prenderlo. Ya me aburre hablar del tiempo, me aburre preguntar un cómo estás y un qué hiciste el fin de semana. Quiero encerrarme en un libro y leer hasta que me dé hipo. Y que el resto hable de las cosas que sabe: la tele y el computador. Que hablen de min@s, de autos o de carretes. O por último, de la teleserie.

Me he decidido a no hablar porque quiero que cuando lo haga, sea para decir cosas que realmente sean escuchadas. No hablaré, por todos aquellos que han pecado este 2010 de hablar de más. Porque compartir posturas y opiniones ya no me parece divertido en un tiempo en donde todos les dio por dar posturas y opiniones a la menor provocación. Porque mientras más absurdos encuentro los absolutismos, más absolutismos escucho. No quiero dar más diagnósticos a situaciones que de años se saben enfermas. No quiero aconsejar a nadie al que le entrará por un oído y le saldrá por el otro.

Al fin estoy logrando lo que siempre he querido: cada día que avanzo, creo que estoy más sabia. Y mientras se gastan palabras a mi alrededor, más me duele el desperdicio de ellas.

04 diciembre 2010

La militancia al estilo convidado de piedra

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Imagínense la siguiente situación: Se han preparado toda una semana para el matrimonio de alguien muy querido. Se emocionaron en la ceremonia, bailaron, comieron como chanchos y se sienten en el séptimo cielo. Imaginen que aparece alguien que hable de la frivolidad de la fiesta, de las altas estadísticas de divorcio y hace un brindis por "la ínfima posibilidad que duren". Sigan imaginando: en mi caso, se me viene a la mente un par de curados mandando de patadas en la raja al sujeto y una mirada fija que sólo diga una cosa: "Hijueputa".

Pero en las "redes sociales" (qué ironía eso de "social") es algo de lo más común. Es muy fácil apoyar una causa: no gasta tiempo salvo el de ocio, no gasta plata, no te hace mover el trasero ni te lleva detenido. Y por muchos, se entiende que apoyar una causa significa poner una foto con cara de sesudo y aguar la fiesta a cualquier persona que hable distinto del tema que le obsesiona por sus 15 minutos.

En mensaje, en todos los casos, es más o menos lo siguiente: "¿Como te alegras mientras en algún rincón del mundo alguien la pasa mal? ¿Cómo te preocupas de eso mientras pasa algo (supuestamente) más grave?"

Es tonto suponer que no existe manipulación de información y que temas como el fútbol o celebraciones masivas no son utilizadas para tapar problemas graves. Pero no creo que el ignorar el primer tema o derechamente insultar a la "generalidad" valide precisamente una posición o siquiera la ayude a tener alguna relevancia. Es más bien el efecto contrario, como la idea del aguafiestas del matrimonio: la posibilidad de que se vaya de patada en la raja tanto tú como tu causa de Facebook aumentan. Pero ahí quedan, con cara de incomprendidos, validando su suposición de que todos son unos tontos embaucables mientras ellos son los pensantes con su causa única e impopular, en parte más ignorada frente a la posición de hinchabolas.

En otras palabras, mientras más aguafiestas sea tu mensaje, más invalidas frente al "resto" tu causa, por más justa que sea. De la indiferencia pasará al "¡y ahora, que huevá querís!". Pero eres ya un mártir de la red: perdiste un par de contactos, ganaste un block. Has ganado un pedacito de cielo y conocido el lado oscuro del Timeline. [ironía] ¡Has perdido tanto por tu causa! [/ironía]

Yo por mi parte, trato de mantener el juicio: la causa no tiene la culpa de ser defendida por tontos graves. Y antes de dar el gusto a algún militante de cartón de sentirse incomprendido y atacado, ocupo una herramienta poderosa para no aguarse el día: el botón "ocultar publicaciones de", y listo. Si revisas el muro es bajo tu propio riesgo, y el día que te enteres de lo que pasa en el mundo estarás en la disposición de escucharlo con atención.


03 diciembre 2010

Hoy se cumplen 20 años

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de tu último cumpleaños.

Era el mismo día en que te internaste por última vez. Fue todo tu curso, tu adorado Gabriel y te prestaron una sala para que lo celebraras. Ese día no usaste peluca, era para muchos la primera vez que te veían con tus mechitas mega cortas. Parecías lista para el verano, flaca y bronceada. Ironía que lo que muchos buscan por estas fechas, haya sido para ti una de las tantas muestras de que tu cuerpo no daba más. Un predictor de que no resistirías el transplante de médula.

Hoy, muchos de esos "por qué" están cerrados. Tenías una especie de condena a muerte desde antes que nacieras... eso lo sabemos ahora.

A veces me pregunto cómo hubiera sido tu vida. Me cuesta imaginarte eligiendo carrera, teniendo pareja o trabajando. Sólo me acuerdo de cómo hablábamos del 2000 y de la edad que tendríamos para ese entonces: 22 y 18.

Pero más me pregunto cuán diferente hubiera sido mi vida. De eso, no añoro más que el hecho que estuvieras.

Y es que, luego de 20 años, te sigo extrañando.

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