Si me tocara elegir un especimen de ser humano al que detesto en el alma, no lo pensaría dos veces. Odio a "los por si pasa".
Déjenme explicarlo.
Sea un hombre de mediana edad y emparejado. Ama a su señora, le compra helados a los niños chicos y, por vueltas de la vida , se encuentra con una mujer buenamoza a su alcance. Como un pescador tirando la caña, le coquetea, se hace el lindo y le tira "la talla" a ver si resulta algo. Si la damisela en cuestión muerde el anzuelo, tiene la opción de pescar, pero siempre haciéndose el huevón para echarle la culpa una vez alguien sospeche. Si no, recoge su cañita de pescar y vuelve al punto uno.
Sea una mujer de edad indefinida, ocupación volátil y destino incierto. Sabe a ciencia cierta que brujear y putear no surten efecto. Pero busca la más mínima falla en el ser amado para desatar un vendaval de dimes y diretes, miradas torvas y cobradas de sentimientos. "Es que como tú no sabí lo que me pasa" Dirán a la primera. Si está soltera, no escatima en recursos para ser derechamente jote. Total, "igual es rico y vale la pena meterse en líos". Luego todo el mundo la usa, la traiciona y ella es una víctima de las circunstancias.
Prefiero mil veces a un maraco asumido que a uno que dice ser de una forma cuando en realidad es de otra, y que cuando no le resultan las cosas no haya nada mejor que quejarse.
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