
Mucho se ha hablado de la educación el último tiempo. Las mediciones educacionales están cada vez más para ponerse a llorar. Cada cierto tiempo de hace un mea culpa, y se busca la expiación con alguna medida rimbombante-pero-inútil. Siempre hablamos de los niñitos en el tema y sus futuras consecuencias. Quizás por no molestar a nadie, poco se toca otro tema que nos afecta aquí y ahora: los efectos hoy de 40 años de mala educación.
Chile era un país alabado por su educación pública. Según mi madre, profesora normalista, todo comenzó a caer desde la Escuela Nacional Unificada. Luego llegó el Régimen Militar y los particulares subvencionados, la idea (erradísima por cierto) de que los padres podían "elegir" la educación de sus hijos como quien elige un par de calcetines. Siguió con las reformas 0 aporte de la Concertación, y, salvo por la beca vocación de profesor, parece que en este gobierno vamos por la misma: Cosas que suenan rimbombantes, pero al final no hacen nada.
Mientras tanto, en las radios no se habla de otra cosa que del "perrín", la "mina rica" y el "carrete". El promedio de libros es de 43 en un hogar chileno (no sabemos si contaron la guía telefónica).La TV no es capaz de informar lo que realmente nos puede servir. El nivel de conversaciones y las posturas son cada vez tan profundas como un charco de agua.
Y a nivel micro, las cosas no mejoran. ¿Cuántas veces le ha tenido que explicar alguien algo básico, para luego rendirse y darse cuenta que en realidad esa persona no es capaz de comprender ni menos seguir las instrucciones o consejos que le está usted dando? ¿Cuántas veces lo han mirado con cara de que está hablando en chino, o lo han mirado feo por decir una frase un poco más elaborada?. Y comencemos con los conocidos: gente que habla de cerveza, minas, autos, fútbol y se acabó el tema. Así nos vamos idiotizando todos: parientes muy cercanos que antes tenían tema, y hoy no salen de la farándula y Bielsa. Por lo general gente mayor, en los que la radio o la TV son sus mejores compañeras luego de que la vista comenzara a fallar.
Lo más triste de todo, es como nos convertimos en una masa gris sin destacar entre nosotros. Los flaites son el fiel reflejo: ropa y peinados llamativos, la necesidad de hablar gritando, de rayar, de escuchar música estridente lo más fuerte. No veo que sea distinto en el corto plazo. Y los comprendo perfectamente: si fuera a un colegio en malas condiciones por cumplir la obligación de ir al colegio, si quedara fuera de cualquier especialización porque sobro y no consigo trabajo decente por lo mismo, mi nivel de rabia y mi necesidad de decir aquí estoy no sería menor.
Pero hay un compromiso que va más allá del clasismo, los ideales políticos y del negocio de unos pocos en vez de golpear la mesa. La educación es algo más que hacer futura mano de obra. Por favor, que sea prioridad de una vez por todas, porque ya no sabemos qué hacer con la mala educación ajena. Y menos con la propia.
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