Siempre he sido más bien flaca. Mi mamá fue flaca, mi papá es un palitroque, no tenía por dónde. Y si bien nunca fuimos una familia deportista, las ensaladas siempre estuvieron presentes. Nunca entendimos aquellos que se compraban el balde de papas fritas a cada paseo, ni los que por cada viaje se amarraban el paquete de galletas. En ese contexto crecí.
Desde siempre, siempre mis estados de concentración han sido cercanos al autismo. En verano, el computador o la lectura me absorbían a tal punto que el desayuno, el almuerzo y hasta la once eran una interrupción molesta. Y ahí quedaban, arriba de la mesa y fríos como un témpano hasta que me hacía las fuerzas de comérmelo a disgusto o los llevaban de vuelta al lavaplatos. Y en mi adolescencia, con el ejército de hormonas dando vuelta, lo popular era tener harto poto, pechuga y ojalá algo de carne que demostrara un poco de crecimiento. Poco tenía yo que hacer ahí.
Pero de un momento a otro todo cambió. Comencé a ser la que tenia cintura, la que podía mostrar la guata, usar bikini y ropa ajustada. La misma ropa ajustada que otrora mi mamá me mandaba a sacar porque me veía raquítica, ahora era parte del juego. Debía "sacarme partido", "lucir ahora que podía" "mostrar" ... cuando por mí mejor me valía estar tapada hasta las rodillas. Usé varias cosas sin dejar nunca un sentimiento de incomodidad, porque nunca me ha gustado ser mirada.
Fue la primera vez que engordé un par de kilos. Pasé a los 18 un verano un poco bueno en papas fritas y me llegó el reto de vuelta. Te está saliendo guata, cuídate, cómo se te ocurre. Lo triste del asunto era ver quiénes me lo decían: desde compañeros de U que a punta de cerveza habían engordado 15 kilos el primer año, hasta mis papás con cara reprobatoria. Fueron sólo 5 kilos, pero yo era ya "la flaca". Y una flaca engordada, es muchísimo peor que una rellenita de por vida. Ser "la flaca" es ser una especie de objetivo: "yo era flaquita como tú" te dicen las mayores. "Tan flaca como la Ale" te dicen tus amigos. Y tuve que hacer ejercicios y cuidarme por primera vez en la vida. La flaca es una especie de título que nunca quise pero que al perderlo me ocasiona tanto hueveo que prefiero seguir reteniéndolo.
A los 25, tuve otra engordada, esta vez unos 8 kilos. Los suficientes para sentirme realmente acosada a comentarios negativos, y mandar a freír espárragos a varios. Tenía guata, ok. Es molesto, la ropa de siempre no me quedaba. Pero, y en contra de todo lo que dice la teoría de la flaca, me miraban más en la calle. Era más atractiva cuando supuestamente debía serlo menos. Decidí volver a hacer ejercicio y a cuidar la alimentación. Bajé y mantengo una cierta cantidad de kilos que me permiten no llamar demasiado la atención ni sentir que cuando camino se me mueve un rollito en la espalda. De paso, mi guata comenzó a no tolerar varias cosas (contando con que el stress me quita el hambre, así como pasaba cuando chica), por lo que pasé de flaca a, a veces extra flaca. Peor.
Desde hace unos 5 años atrás, cuando la comida chatarra y los happy hours comenzaron a hacer estragos, el status de la flaca se convirtió en algo semejante a un certificado de logro. Ya no vale ser feliz, tener una familia armoniosa, ser inteligente o ser profesional. Lo que vale hoy es ser flaca. Es lo primero en que se fijan aquellos que no ves hace tiempo, "sigues tan flaca como antes" me dicen con cara de admiración. Para muchos, (y se les nota) poco vale el que haya sacado un título, el que esté trabajando o esté casada. Sigo siendo flaca. Como decía la otra vez una compañera de mi hermana: "ohhhh, las dos son flacas" con la cara como que hubiera visto un milagro. Triste, es mejor que se te marquen un poco las costillas que ser útil a la sociedad.
Y como aquellos que lo desean, se proyectan en quienes son flacos, comienzan comentarios que por pelotudos deberían evitarse: "deberías hacerte una operación para ponerte pechugas-poto-labios" "el pelo" "la ropa".... Están las que le hacen caso, y en vez de bellezas, terminan siendo esas actrices porno en decadencia que se ven en el Alto Las Condes todas las semanas. Todas aquellas mejillas sonrosadas, pieles satinadas y cabellos oscuros terminan por ser bronceados anaranjados, pecas y arrugas por exceso de sol y pelos pajosos. Y 50 kilos, claro.
La vida de la flaca es la vida que la sociedad supone que no debe tener problemas, pero no sólo tiene los propios, sino también a veces siente que carga con añoranzas ajenas. La que le queda la ropa mal porque está hecha para más rellenitas, que le falta pechuga para rellenar, la que cada kilo que engorda es como un pecado inexcusable frente a un público feroz. Porque a veces, detrás de un cuerpo más delgado, hay huellas de enfermedades fuertes, de falta de tiempo, de exceso de carga. Pero eso nadie se lo pregunta. Eres supuestamente el ganador de la ruleta de genes, el que se conserva. Escúchalos tú compadecerse a los otros, porque sólo por ser flaco tienes la vida perfecta. O eso suponen.
2 dijeron algo más:
Mi familia es delgada. Que yo pese lo que peso no ha sido fácil: es un amor verdadero por la buena mesa.
Al menos ya no me gritan "oye, flaco" en la calle.
Mi caso es semejante, pero nunca me han gritado flaco en la calle, suelo comer lo que quiero y no he movido un kilo desde hace década y media.
La gente envidia lo que no tiene, y dado que muchos tienen titulo, familia o trabajo, no les interesa si tu lo tienes o no... y básicamente preguntan por costumbre que por interés real. Además, en un mundo de incompetentes, quien es lumbrera esta obligado a vivir en la oscuridad, y no por que no alumbre lo suficiente, sino que por que los demás no aprecian esa luz.
Todavía me acuerdo de un compañerito en básica que me decía que yo algún día, pasados los 20 sería un cerdo. Si el pobre infeliz me viera ahora...
En todo caso, mi culto al cuerpo es más por vivir bien que por verme mejor... El cuerpo es tu templo y es único, no hay transplante de almas. Cuando tu cuerpo se detiene, hasta ahi llegaste, y yo prefiero que se detenga por desgaste generalizado y no por falla puntual, que te hace morir de a poco.
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