30 abril 2011

Etiquetas

A veces pienso que los seres más tontos son los más felices.

Al pensar en "tonto" pienso principalmente en personas que no entienden ni les interesa saber más de lo que hay a su alrededor. Comer, cagar, tirar y dormir, es lo que les llama la atención. Si las cosas se complican no ven más allá. Le echan la culpa a algo o a alguien y listo, seguir. Y es ahí, cuando llena de reflexiones para cada cosa que hago, pienso que ser tonto es algo así como una bendición. Mientras no lo seas tanto, claro está.

Creo que el principal riesgo de gente que asume ser inteligente y pensar por sí mismos (es decir, los que deciden "ser yo"), es que en algún momento nos podemos convertir en caricaturas de nosotros mismos. Si somos brutos para decir las cosas, lo transformamos en un modus operandi. Si damos la nota alta en las conversaciones, nos esforzamos por mantener la etiqueta. Y así terminamos, con la panza llena de palabras que no diremos y miles de sentimientos guardados, enfermos por dejar de ser lo que llamamos "nosotros mismos".

¿En qué punto la etiqueta termina siendo una especie de cárcel preimpuesta? ¿Cuándo lo extravagante se convierte en estupidez?


7 dijeron algo más:

Mónica de los Siete Infiernos dijo...

Uuufff... Gran tema, estimada. Si bien las etiquetas nos pueden ser útiles para guiarnos un poco y poder identificarnos, es difícil no caer en el juego de autoencasillarse en una sola cosa.

Y no creo que la gente tonta sea más feliz. De hecho, es probable que su felicidad no haga feliz a alguien más "inteligente". Son diferentes maneras de vivir, nada más.

Joe dijo...

Concuerdo con la Mona...
No creo que la gente tonta sea más feliz, sino que simplemente esta contenta con aquello que maneja.

El problema no es lo que dice la etiqueta, sino la cantidad de cosas que se catalogan en ella. Eso junto a la discapacidad de creerse el cuento de que perfectamente se puede tener más de una etiqueta y que puedes alternar, en cualquier momento, aquello que te cataloga. El reconocer el error cuando no se esta en lo cierto y el atreverse a escuchar y aprender de quien creemos que aleccionamos suele ayudar a simplificar una vida, a hacerla menos incómoda.

Es el tema de la flexibilidad, de adaptarse y de cambiar a gusto.
Las especies flexibles evolucionan.

Lectura obligatoria: Quién se llevo mi queso. No solo habla de una visión laboral, sino de una forma de ver la vida.

Golfo dijo...

He tenido mil veces esas sensación de que la gente que me parece más tonta parece más feliz. Pero al final he llegado a la conclusión de que no es la cuestión tontera-inteligencia. Sino la cuestión de la sensibilidad.

Hay tontos muy sensibles que se ven afectados cada día por mil cosas, lo mismo atormentados que momentaneamente dichosos.

Y hay personas muy inteligentes, aislada, parapetadas, protegidas por una perfecta insensibilidad. Viviendo felices en su atalaya.

Creo que el tema de las etiquetas, como dice Joe, se ve afectado por la adaptabilidad. La adaptabilidad es un signo de inteligencia y sensibilidad. Es una cualidad más profunda y compleja.
Si no te adaptas puedes leer a Baudelaire o resolver ecuaciones diferenciales mentalmente... pero eres un poco idiota.

Lo se porque a veces yo mismo lo soy.

Un Mono dijo...

Opino lo mismo desde hace mucho tiempo: la estupidez genera felicidad.

La inteligencia no genera felicidad, sólo dudas y una desagradable y abrumadora lucidez. El problema es que cuando empiezas a dejar de ser tonto ya no hay vuelta atrás si no es con Alzheimer o algo así. La estupidez es una senda que sólo puedes seguir si no sabes que la sigues.

De hecho, creo que la estupidez y la maldad comparten eso: ambas generan felicidad, a diferencia de sus contrapartidas. Los tontos son felices, a la gente mala le pasan cosas buenas. Y al revés. Lo que pasa es que la cosa no debe ser el palo y la zanahoria, debemos hacer todo lo que podamos por no ser estúpidos ni malvados porque es lo correcto, no porque vaya a darnos una recompensa (que, creo, no lo hacen).

Óscar Olarte G. dijo...

Tonto es el que decide convertirse en alguien sin serlo. La extravagancia buscada es más idiota que la idiotez misma. Creo que cada cual debe ser lo que es. En cuanto a la felicidad de los tontos, tal vez los más felices (o que aparentan serlo) intentan minimizar sus dudas sobre sí mismos y sobre el mundo que los rodea; ese es su secreto. En todo caso, en varias ocasiones he sido un tonto ante mis propios ojos. Un saludo.

Eva dijo...

hace un tiempo que me importa un pepino si cuando me rio grito primero y luego rio a lo bestia, me miran y me da igual, ya no me contengo, total siempre hay alguien que opina de ti y si encima lo hacen cuando me contengo, pues apaga y vamonos. Lo único cierto que me importa poco y los que me quieren me aceptan el resto me da igual.

Palacios dijo...

primero definiremos que se entiende por inteligencia y luego vemos a quien se lo parchamos...
un perro es inteligente?
un delfin es inteligente?
me parece que somos unicos en cuanto a la risa pero es verdad que cuanto màs sabes mas triste tu vida se torna..

Seguidores