23 abril 2011

Pan

Cocinar tiene algo de terapéutico.
El mezclar la harina sin quedar como empolvado, echar los ingredientes en la cantidad justa, amasar y ver cómo crece tu creación en el horno, no tiene precio. Que el olor inunde la casa y hasta los gatos queden con cara de "¿que estás haciendo mami? Huele bien..." es algo que me hincha mi casi inexistente lado femenino.
Últimamente he andado media down. Y este fin de semana largo me he dado cuenta que ha sido justamente por eliminar de mi vida aquellas cosas que nunca les tomé el peso de cuanto las disfruto: cocinar, quedarme hasta tarde en la cama, llamar a la gente que quiero e irlas a ver de improviso.
Al final, el bienestar del alma es como la cocina. Tienes que batir amistades, pareja, trabajo, combinarlos con preocupación hacia tí misma y unirlos con un poco de cariño tibio. Reposar para que la masa suba, moldearla e ingresarla al horno para que se transforme en algo duradero.
Y el olor atrae a los ingredientes, con lo que el ciclo comienza de nuevo.

3 dijeron algo más:

Violeta dijo...

Amé, pero es que AMÉ esta entrada. Es justamente lo que estoy sintiendo ahora :D

Un abrazo amiga. Te quiero mucho :)

Narvandi dijo...

Que lindo!!!!!

Me siento identificada con esto.

Un abrazo =).

Joe dijo...

Dicen que la cocina no esta basada en medidas, sino en cantidades... la diferencia es super sutil en todo caso y solo hago mención por cierto detalle ingenieril que leo entre lineas (que no es malo... es parte de ti) =)

Por cada amigo que tengo que sonríe, mi mundo es un poquitito mejor... gracias por compartir esos detalles de la vida que te hacen sonreír =)

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