
En mis vacaciones fui a un lugar suuuuper inexplorado (ja!) Brasil. Lo primero que me llamó la atención (era que no) fue lo naturalmente lindas que son las garotas. Ya mirando más en detalle descubrí varios de los por qué: el clima es un sauna natural que hace pieles sin imperfecciones, el calor húmedo llama a hacer ejercicio y a comer más frugal.
Pero también hay cosas que no tienen que ver con el lugar geográfico, sino que con un tema de cuidado. No tanto maquillaje, pero el usado queda ok: uñas de pies y manos perfectamente pulidas y un pelo que sabe cortarse y tinturarse. Y otro punto importantisimo: la ropa: relajada pero siempre entallada, con harta piel y ante todo sin complejos. Esta era la principal característica que me hacía reconocer a las chilenas: muertas de calor y enteras tapadas si el cuerpo según ellas no era el perfecto (cuando eso es taan relativo).
Creo que nuestro carácter es el principal enemigo de nuestro look, tanto para chilenos como para chilenas. Pero a diferencia de muchos, no veo que sea por apocamiento. El problema para mí va en una especie de manía que metemos a todos desde la infancia, fomentados por los comentarios familiares, los medios de comunicación y todo en lo que nos rodea.
¿Qué tiene en común una vieja que se junta a copuchentear en la esquina, una manga de oficinistas, un par de niños preadolescentes, un grupo de pechoños y la noticia impacto de la tele? Pienselo bien.
Es, nada más, que buscar quién es la más puta o a quién le gusta más el que te conté.
Para eso, basta una mirada, un desarreglo en el guardarropa. Se activan todos los sensores que aprendimos de la tía pechoña o del primo necesitado. Cualquier mujer que llame la atención sea por trabajo o por pinta califica con el apelativo aquel. Tan arraigado está, que Gabriel Salazar lo describe a la perfección al relatar la vida de los guachos, hijos de mozas con familias numerosas y padre ausente 0 borracho, y cómo el apelativo luego pasó a formar parte de las mujeres que trabajaron en fábricas o como nanas. (dos cosas que mis abuelas, en tiempos de necesidad, tuvieron que hacer, por lo demás).
Una vez definida la pobre víctima, con o sin razón, viene la segunda parte de la historia: el qué tanto le gusta. Si tiene algún hábito un poco bizarro, si grita más o menos, todo eso pasa como papa caliente sin verificar fuente ni pensar por un momento que es un instinto tan básico como lo es la reproducción. Pero a nadie se le debe notar. No vaya a ser que caiga la pesada condena de puta.
Eso nos lleva la mayor parte del día. Y cosas como un lápiz de labios rojo, un color de uñas más llamativo de lo habitual o una prenda un poco más ceñida puede afectarnos. Así como hablar fuerte, que la polera se corra un poco o bailar con un poco más de ahínco. El tribunal es implacable y lo ve todo. Y el diagnóstico puede llevar a que te falten el respeto de una. Con cara de degeneración, con comentarios desagradables dichos directamente o a tus espaldas e incluso con humillaciones peores. ¿Qué tiene de condenable que una mujer se quiera sentir mujer? ¿Que no sea frígida? ¿No es terrible lo contrario?
No puedo decir que con o sin razón, no he sido parte de este tribunal. No me siento orgullosa para nada. Si son casos mitológicos como los que nos ha tocado de ver con mi grupo de amigos puedo por lo menos pensar que no va a ser obviado. Pero no me dejo de indignar cuando cosas tan sencillas como una sonrisa pueden traer mala leche. Y luego andemos apocadas, feas y desarregladas, inseguras con nuestra propia vida y con un miedo tremendo.
Chicos, sólo un consejo: si quieren mujeres lindas por las calles, respétenlas como a ustedes les gusta ser respetados y como le gusta que respeten a los que quiere. Detrás de cada mujer no puede haber una frígida, pero eso es un tema que le concierne a ella. Y ud, señora o señorita, si anda mandando unas peladas de antología, acuérdese de todas las veces que usted o alguien que quiera ha sido tratado mal por el sólo hecho de caer bajo la condena más fácil de aplicar. Empodérese, siéntase bien y no tema tanto. No sólo le mejorará la cara, también sonreirá más y se sentirá más confiada.
Como dice la doctora Polo, "respete para que le respeten" ¿Viste que fácil fue?
2 dijeron algo más:
Qué buen tema...en lo personal, últimamente he tratado de dejar de lado la fijación de "parecer puta", jajaja. Qué idiotez, me pinto los labios rojos y me siento feliz y libre, de verdad no me importa lo que puedan pensar. Además qué lata estar igual a las legiones de tontonas fomes.
Saludos!
eAh... por eso me gustó tanto Brasil. Porque los complejos no existen, porque cada quien luce su panza con orgullo y sin preocupaciones, y de hecho estas últimas no existen. Una lección para nosotros, que cada día estamos más acomplejados, y nos vestimos cada vez peor (para no parecer... eso mismo XD).
Un abrazo!
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